La siesta, la cafeína y el estrés

19. Mayo 2016 SALUD 0
La siesta, la cafeína y el estrés

La siesta

La palabra siesta procede del latín sexta, vocablo que empleaban los Romanos para definir la sexta hora después del comienzo de la jornada laboral. En ese momento del día se les hacia difícil volver al trabajo. Es por ello que decidieron que lo mejor era dormir y recuperar las energías perdidas durante las horas anteriores.

La siesta, entendida como período de sueño y reposo en horas diurnas, es una actividad muy recomendable aunque la mayoría de las personas, por problemas sobre todo de horario, no pueden realizarla.

Sin embargo, pueden beneficiarse de ella los fines de semana, días festivos o períodos vacacionales.

Este período de reposo se hace más necesario después de comer, pues es cuando se produce fisiológicamente la denominada somnolencia pospandrial. De hecho, se ha demostrado que el mayor número de accidentes de tránsito se producen entre las 14.00 h y las 16.00 h.

Se recomienda que la duración de la siesta sea breve (en torno a los 30 min.) ya que de lo contrario puedes alterar el sueño nocturno o puede hacer que la persona se encuentre aturdida y menos predispuesta para el trabajo que antes de tomarla. Esto es lo que se conoce como inercia de sueño que depende además de la duración del sueño, de si éste es de carácter profundo o no. En los niños la siesta se ha considerado tradicionalmente como una obligación insustituible.

Aunque es cierto que el hábito de la siesta se suele perder a los tres años, con la llegada del colegio, debería respetarse hasta los cuatro o cinco años. Las escuelas tendrían que favorecer este descanso diurno en los niños, ya que se ha comprobado que los que no duermen la siesta se muestran más irritables en clase por las tardes y se despiertan más durante la noche.

La cafeína

Dentro de las llamadas infusiones, el café y el té son los mayores estimulantes del SNC. El principio esencial del café, la cafeína, es un excitante del SNC y facilita enormemente el esfuerzo físico e intelectual. Una taza de café cargado contiene alrededor de 12 a 15 mg de cafeína y una taza de té alrededor de 6 a 10 mg. Algunos tipos de cola pueden llegar a los 50 mg de cafeína por vaso ingerido.

Esta estimulación del SNC disminuye la sensación de fatiga, e incluso 50 mg de cafeína incrementan la resistencia al ejercicio prolongado. Este efecto ergogénico se origina por la ingesta de 25 mg una hora antes del ejercicio y de una cantidad adicional de 25 mg en los primeros 9 min. Del ejercicio, en una actividad aeróbica, como por ejemplo, el maratón.

La cafeína actúa como un ahorrador de glucógeno, provocando en retraso en la aparición de la fatiga.

Estos efectos son considerados a dosis altas, ya que a pequeñas dosis, después de la comida, favorece la digestión y al diuresis, porque parte de la acción estimulante del SNC lo es también de la secreción renal, efecto producido por la teobromina contenida en dicha infusión.

El deportista debe hacer buen uso de esta ayuda ergogénica como estrategia ante la competición y señalar que la habituación a este hábito puede ser que no aparezcan los efectos reseñados. Es importante que se haga una utilización racionalizada para que, en algún momento, pueda disponerse de ella y conseguir las ventajas comentadas. No deberían incluirse en las dietas infantiles.

Se considera que tres tazas de café al día (250 mg de cafeína) es una ingesta media o moderada, mientras que diez tazas al día es una ingesta excesiva qu epuede llegar a provocar: taquicardias, diuresis (excesiva eliminación de líquidos), nauseas, vómitos, insomnio o dificultad para dormir, ansiedad, depresión o temblores.

Por otra parte, se debe tener en cuenta que el abandono repentino de la ingesta de cafeína puedes provocar dolores de cabeza, somnolencia, irritabilidad, nauseas, etc., por lo que se recomienda reducir la ingesta de manera progresiva antes de abandonarla.

El estrés

Término procedente de la física que hace referencia a la fuerza generada en el interior del cuerpo como consecuencia de la acción de otra fuerza externa. En este sentido se encuentra citado a finales del siglo XVIII por Hocke. Fue W. Canon el primero en utilizarlo en el contexto de la salud en 1932, aunque lo hizo de forma casual y poco sistemática. Así el estudio y uso del estrés con carácter técnico se debe a H. Selye, quien en 1936 lo definió como un “conjunto coordinado de reacciones fisiológicas ante cualquier forma de estímulo nocivo”.

Se distinguen dos tipos: el estrés “bueno” (eustrés) y el estrés “malo” (distrés). Dentro del primero se incluyen los factores que tienen un carácter de “revitalización” o “activación” y producen una sensación placentera (el éxito, el amor, el triunfo, etc.). El estrés patológico conlleva una serie de cargas y tensiones derivadas de situaciones desagradables (enfermedad, exceso de trabajo, muerte de algún ser querido, etc.).


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